Nuestra capacidad de brillar

(Extractos del libro "Volver al amor" de Marianne Williamson, basado en los principios de Un curso de Milagros;
Ediciones Urano; Colección Books4pocket)
Nota: este texto menciona el concepto de ”Dios”. Puedes cambiarlo por el que mejor funcione para ti.
A los ojos de Dios, todos somos perfectos y tenemos una capacidad ilimitada de expresarnos brillantemente. Digo capacidad ilimitada y no potencial ilimitado porque este último concepto puede ser peligroso si lo utilizamos para esclavizarnos a nosotros mismos, para vivir en el futuro y no en el presente y para sumirnos en la desesperación comparándonos constantemente con lo que creemos que podríamos ser.
Mientras no seamos maestros perfectos, es imposible por definición que vivamos a la altura de nuestro potencial, que siempre será algo que sólo podemos alcanzar más adelante.

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Se trata de un concepto que puede hundirnos en la impotencia personal. Si nos centramos en el potencial humano seguiremos siendo impotentes. Centrémonos en la capacidad humana, que se expresa en el presente. Es inmediata. La clave no está en lo que tenemos dentro, sino en lo que estamos a dispuestos a reconocer de lo que tenemos dentro. No tiene sentido esperar a ser perfectos en todo lo que hacemos, o maestros iluminados, o doctores en filosofía de la vida, antes de abrirnos a lo que somos capaces de hacer ahora.
Por supuesto que hoy no somos tan buenos como seremos mañana; pero, ¿cómo vamos a llegar a la promesa de mañana sin hacer algo hoy? Recuerdo haberme pasado años tan preocupada por las opciones que me ofrecía la vida, que no me movía. Estaba paralizada por tantas posibilidades. No podía imaginarme qué camino me llevaría a la realización de mi ”potencial”, ese glorioso mito neurótico que siempre estaba ahí esperando, precisamente enfrente de todo aquello que yo podía manifestar en el presente.
Por ello, me sentía siempre demasiado asustada para moverme. Y el miedo, por supuesto, es el gran traidor del Yo. La diferencia entre las personas que ”viven su potencial” y las que no lo hacen no es la cantidad de potencial que poseen, sino la cantidad de permiso que se dan a sí mismas para vivir en el presente.
Somos la generación adulta. Tenemos cuerpos adultos, responsabilidades adultas y profesiones adultas. Lo que a muchos de nosotros nos falta es un contexto adulto para nuestra vida, en el que nos demos permiso para brillar, para florecer plenamente, para mostrarnos poderosamente en el presente sin temor de no valer lo suficiente.
Esperar un futuro próspero es una manera de asegurarnos que jamás llegue. Un adolescente sueña con lo que será. Un adulto se regocija en el presente.
Una vez tuve una terapeuta que me dijo que mi problema era que quería ir directamente del punto A a los puntos X, Y y Z y parecía incapaz de moverme del punto A al punto B, de ir paso a paso.
Es mucho más fácil soñar con el punto Z que moverse realmente hasta el punto B. Es más fácil practicar nuestro discurso al recibir el Oscar que ponerse en marcha y acudir a clases de interpretación.
Con frecuencia tenemos miedo de hacer algo a menos que sepamos que podemos hacerlo perfectamente bien. Pero al Carnegie Hall (teatro) se llega practicando.
(…) Creo que la razón de que la gente hoy no tenga tantas aficiones como solía tener en generaciones pasadas es que no podemos soportar hacer nada en lo que no seamos fabulosos. Hace varios años empecé a tomar otra vez lecciones de piano, después de haber tocado durante muchos años cuando era niña. No soy Chopin, pero el solo hecho de tocar tuvo para mi un gran efecto terapéutico. Vi muy claramente que no hay que ser un virtuoso en todo para ser un virtuoso en la vida. Esto último significa cantar; pero no necesariamente cantar bien.
Casi todos nos sentimos en algún nivel como caballos de carreras que muerden el bocado y se agolpan contra el portón, esperando y rezando para que alguien venga a abrirnos la puerta y podamos finalmente correr. Sentimos tanta energía reprimida, tanto talento inmovilizado… En nuestro corazón sabemos que nacimos para hacer grandes cosas y tenemos un miedo profundo de desperdiciar nuestra vida.
Pero la única persona a quien podemos liberar es a nosotros mismos. La mayoría lo sabemos. Nos damos cuenta de que la puerta cerrada con llave es nuestro propio miedo. Pero a estas alturas hemos aprendido que en algún nivel nuestro terror de avanzar es tan grande que se necesitaría un milagro para liberarnos.
El ego quisiera que naciéramos con un gran potencial y muriéramos con un gran potencial. En medio hay un sufrimiento cada vez mayor. Un milagro nos deja en libertad para vivir plenamente en el presente, para liberar nuestro poder y reclamar nuestra gloria. "El infierno es lo que el ego hace del presente". (…)

FRASE PARA ACOMPAÑARTE EN LA SEMANA:
"Ha llegado el momento de que todos nos pongamos de pié
y aplaudamos al que hace,
al que alcanza,
a ese que reconoce el desafío, y hace algo al respecto"
(Vincent Lombardi)
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